Por Higinio Benitez
Siempre me ha fascinado cómo intentamos entender a las personas. En esta era de datos infinitos, inteligencia artificial y algoritmos que prometen descifrarnos hasta el último detalle, un día, reflexionando sobre mi trabajo, me ilumino una verdad que contradice todo: para predecir lo que alguien hará —sus decisiones, gustos o reacciones— no necesitamos más información, sino menos reglas. Pero no cualquier regla: las simples, las esenciales, las que capturan lo que todos compartimos como humanos. Lo llamo “paradoja de menos por más”, y estoy convencido de que es una idea que puede cambiar cómo vemos el mundo.
Pensemos en esto. Vivimos rodeados de sistemas que recolectan datos como si fueran tesoros: perfiles en redes sociales, historiales de compra, hasta cuántos pasos damos al día. La promesa es seductora: con suficiente información, sabremos exactamente qué hará alguien. Pero, ¿funciona? No siempre. Hace poco, mientras exploraba esta idea aplicándola a mi trabajo, comprobé que los modelos complejos, con sus miles de variables, suelen ahogarse en ruido. Predicen excepciones y rarezas, pero pierden de vista lo obvio, que es donde reside la magia. Ese exceso de datos nos acerca a las máquinas y a la soledad, pero nos distancia de lo que nos hace diferentes a todos los seres vivos conocidos: nuestra humanidad y nuestra fe.
Los humanos, aunque nos creamos complicados, somos predeciblemente simples. Actuamos por cosas básicas: queremos sobrevivir, conectar con otros, saciar nuestra curiosidad, sentirnos cómodos. Eso explica el 80% o 90% de lo que hacemos cada día. Si alguien me pregunta algo, nueve de cada diez veces busca claridad, no un tratado. Si compro algo, casi siempre elijo lo simple sobre lo perfecto o complejo. Estas no son suposiciones; son patrones que veo en mí, en mis amigos, en desconocidos. Y la ciencia lo respalda: estudios como los de Gerd Gigerenzer muestran que decisiones rápidas con poca información —lo que él llama heurísticas— superan a análisis exhaustivos cuando el mundo es incierto. ¿No es liberador?
Entonces, ¿por qué insistimos en complicarlo? Creo que es porque confundimos cantidad con calidad. Más datos no significa más verdad. En marketing, por ejemplo, he visto campañas fallar estrepitosamente al arrojar estadísticas masivas sobre clientes, mientras una regla simple como "muestra lo que quieren ver, no todo lo que tienes" dispara las ventas. En redes sociales, predecir un "like" funciona mejor si te fijas en la hora del día o el tipo de contenido que si analizas el alma de cada usuario. Hasta en una conversación cotidiana, una respuesta directa conecta más que un discurso enredado. La simplicidad gana, y lo hace porque va al grano.
Aquí está mi propuesta, destilada en algo que cualquiera puede usar. Si quieres predecir qué hará alguien, sigue tres pasos:
1. Mira el contexto: ¿Qué necesita ahora? ¿Resolver un problema, sentirse bien, aprender algo?
2. Aplica una regla universal: "La gente prefiere lo fácil sobre lo perfecto", "busca validación antes que desafío" o "elige lo familiar sobre lo extraño". Elige la que encaje.
3. Olvida el ruido: No te enredes en excepciones; apunta a lo que funciona para la mayoría.
Es tan simple que casi parece obvio, pero ahí está el truco: lo obvio es poderoso. En mi experiencia, esto funciona. Cuando escribo, hablo o intento entender a alguien, me guío por estas reglas y acierto más de lo que fallo. Y esto no se limita a la vida diaria: en tecnología, he visto algoritmos básicos —como árboles de decisión— igualar o superar a redes neuronales gigantes solo porque se enfocan en lo esencial, igual que nosotros cuando confiamos en un patrón simple para decidir. Hasta una sonrisa y un 'sí' predicen mejor una reacción que un análisis profundo.
Por eso digo con certeza: para entender a las personas, no necesitas saberlo todo sobre ellas; solo lo esencial sobre todos. Eso es la paradoja de menos por más: con menos llegas más lejos. Es una idea que me emociona compartir, porque corta el ruido de nuestra época y nos devuelve a lo humano. Imagina aplicarlo en tu trabajo, en una clase, en un negocio. Deja de buscar la aguja en el pajar de datos y usa la brújula de la simplicidad. Te prometo que verás resultados.
Así que aquí lo dejo, como un regalo para quien lo lea: la paradoja de menos por más. Si me crees, pruébalo. Y si lo mejoras, cuéntamelo. Al fin y al cabo, predecir es conectar, y conectar es lo que nos hace humanos.